Relatemos... Y respiré

18:41

Bueno, creo que para animar un poco más el blog y puesto que no tengo MUCHO tiempo que digamos (Selectividad y esas cosillas) pues no puedo leer tanto como quisiese, pero lo que sí puedo hacer es ¡ESCRIBIIIR! Así que, por ello he decidido intentar subir un relato/micro relato/whatever una vez a la semana, intercalarlas con las reseñas o quién sabe cómo lo haré. 
Pues eso. Os dejo con el relato de esta semana, os aviso, no estoy muy satisfecho con la expresión pero ha sido fruto de un momento de "necesitar respirar" y lo escribí tal y como me iba pasando por la cabeza. 


Y respiré

Y respiré. 

Intenté mover los brazos. No sirvió para nada. Estaba agarrada de pies y manos a la nada. Sentía el peso del mundo caer sobre mis hombros. Pesaba, realmente era más pesado de que lo que podría haber pensado jamás. Me sentía sola, triste, apagada.

¿Qué iba a hacer yo?

Pensé. Medité. Nada, no se me ocurría nada, mientras lo hacía me sumergía lentamente en el fango, sin darme cuenta. Algo empezó a agarrarme del cuello, parecía una mano que trepó hacia mi boca, dedos se colaron entre mis labios, secos y agrietados. Intenté gritar, ningún sonido salió de entre mis entrañas, como mucho, un leve quejido afloró de mi garganta.

Desesperadamente me intenté librar de aquellos brazos, no podía, tenía las manos ancladas en aquel vacío. Es más, cuanto más intentaba librarme, más me hundía en aquella oscuridad de oscuridades. Me estaba rindiendo. No sabía qué hacer para acabar con aquella agonía. Dejé de patalear, dejé que el peso del mundo me aplastase sin más remedio.

Su mano empezó a acariciarme la mejilla, peinarme con sus dedos mis sucios cabellos. Me estaba sintiendo querida por aquella cosa. Lentamente me empezó a sumergir en aquel fango hasta que quedé totalmente sepultada. Sin embargo, todo aquello no me parecía ningún problema. Aquel ser me estaba ahora dando cariño, me secaba las lágrimas que surcaban mis mejillas, me acariciaba reiteradamente toda la cara.

De repente vino otra mano, y luego otra, y después cinco más. Cuando quise darme cuenta tenía un sinfín de manos alrededor mía. Unas me acariciaban la cara, otras me mesaban el cabello, cada una a lo suyo. Poco a poco fueron aumentando la fuerza con la que me tocaban la cara y enredaban en mi pelo. Me estaba agobiando. Quería salir. Me di cuenta lo profunda que estaba. No sabía que hacer ¿Seguir oponiendo resistencia? Me acabaría hundiendo. ¿Dejarme sobar por aquellas cosas? No creo que fuese la mejor opción. Sin embargo, eso hice.

Llegó un momento en el que me quedé inconsciente. No sabía dónde estaba ¿Había llegado al fondo de aquel sitio? ¿Subía o bajaba? Quién sabe.

Intenté respirar. No notaba entrar aire en mis pulmones. Estaba entrando en pánico. Iba a morir. Sabía que si no conseguía respirar moriría sin más remedio. Intentando quitarme las manos de la boca para poder respirar un poco de aire lo vi. Una luz blanca estaba incidiendo en todo aquel lugar, poco a poco iba arremetiendo contra toda aquella oscuridad densa. Parecía estar buscando algo. De pronto se paró en mí, me estaba cegando con aquella luz, no sabía que estaba pasando alrededor.
Una fuerza descomunal me cogió y empezó a arrastrarme hacia arriba. Cada vez más deprisa. Las manos se fueron desprendiendo de mí. Estaba quedando libre. Estaba consiguiéndolo. Sabía que lo iba a conseguir.

Y respiré. 

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